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viernes, 10 de noviembre de 2023

La Tercera España

 


La democracia se basa en el gobierno de las mayorías. Las mayorías electorales se traducen en la representación parlamentaria que es la que permite configurar los gobiernos. Dicha mayoría puede ser absoluta cuando un solo partido o una coalición alcanza un número suficiente de diputados para imponer su voluntad legislativa y ejecutiva sin necesidad de contar con el resto de los partidos que han quedado en minoría. Pero pueden darse otras situaciones en las que el voto popular se encuentre polarizado en dos grandes partidos los cuales concentran un voto de tendencia opuesta y muy alejado de un resto de pequeños partidos que representan a sectores políticos minoritarios. En España y en otros países suele ser la tendencia dominante, aunque por un momento, con la irrupción de Podemos, pareciese que se iba a quebrar el denominado bipartidismo imperfecto del turno en el gobierno en las últimas décadas del PSOE y PP.

El poder electoral de ambos partidos se mantuvo, sin embargo, tras las últimas elecciones y parece que va a seguir siendo así. El problema que hoy se ha agravado considerablemente y que nos está llevando a una crisis del propio Estado-Nación español, con todos los peligros que puede traer, es la necesidad en que se encuentran tales partidos mayoritarios de recurrir al apoyo parlamentario de partidos minoritarios, que se declaran decididamente separatistas. En Inglaterra existe un partido minoritario liberale que se presta a inclinar la balanza del lado laborista o del conservador. En Alemania también ocurre lo mismo, añadiéndose la solución suya específica de la llamada Grosse Koalition para situaciones extremas. Pero en España no parece posible esta última solución por la falta o escasez de lealtad a la nación de ambos grandes partidos, además de por el fracaso reiterado en la creación y mantenimiento sostenido de un partido liberal capaz de funcionar de bisagra moderadora.

Recientemente, tras la práctica desaparición de Ciudadanos del panorama político, se ha propuesto por alguno de sus integrantes la creación de un nuevo partido bajo la previa presentación de una asociación política denominada La Tercera España. Nos parece una iniciativa sensata, como hemos mantenido en artículos anteriores, tratar de arrebatar a los separatistas y demás grupos extremistas el papel de bisagra política que ocupan desde hace décadas con resultados nefastos para la existencia de la propia España. Pero lo que nos preocupa es que se vuelva a hacer un partido como imitación española de los partidos socialdemócratas o liberales existentes en otros países europeos. Porque será entonces más de lo mismo que ya se intentó antes con Ciudadanos y demás. Pues si se alude a la Tercera España, la España de los intelectuales y filósofos como Ortega , Marañón, etc., que brilló en la primera mitad del siglo XX, deberían tratar de incorporar primero la filosofía política que tales figuras, como Ortega, el más influyente en tal materia,  trataban de inculcar en la cultura española y en sus posibles seguidores políticos. Estudiar y recuperar su propuesta de la España Autonómica, hoy enteramente tergiversada, su nuevo tipo de liberalismo, etc. Deberían tener claro, además, que tal partido no podría ser nunca un partido de masas que compitiese con PP o PSOE, sino que debe ser un partido integrado por “minorías egregias”, como las denominaba Ortega, suficientes al menos para impulsar una potente bisagra que corrija, con la discusión racional y sabiamente documentada, los excesos a los que tienden necesariamente los actuales partidos de masas, debido a la ignorancia de un electorado menos culto e informado y más propenso a caer en manos de demagogos.

El error de Rivera con Ciudadanos fue creer que podía sustituir al PP como otro gran partido de masas. Pero también incurría en el error de no contar con una sólida base filosófica. Creemos que el nuevo partido que se pretende crear, como representante político de la llamada Tercera España, no recoge tampoco la necesidad de partir de nuestra más influyente tradición filosófica liberal. Algo sospechan cuando buscan la firma de representantes filosóficos actuales como Fernando Savater. No obstante, su iniciativa nos parece interesante porque han levantado la liebre al situar la clave política que nos permita reorientar la política española, en la necesidad de un partido bisagra de nuevo cuño. Y ello tras el fracaso de la radicalización totalitaria de la izquierda por el impacto de Podemos, ideología que es difícil que triunfe democráticamente debido al poso de “buen sentido” que suele caracterizar al español medio en los momentos críticos. Pero también por el freno electoral de Vox y sus dificultades con el PP en asuntos claves. Otra cosa es que los nuevos defensores de La Tercera España, tras levantar la liebre, sean capaces de cazarla. Les deseamos suerte.

Manuel F. Lorenzo


sábado, 11 de febrero de 2023

Sobre el fracaso de los partidos bisagra

 



     Hemos llegado a una situación en la actual política española en la que no se ve con claridad cual puede ser la salida. Pues la esperanza puesta en Vox para una regeneración del sistema democrático parece enfrentarse con serios escollos por la dificultad de construir una mayoría electoral de derechas con el PP, que no sea meramente coyuntural, sino que ofrezca garantías de continuidad. Ello conlleva el peligro de que, cuando alcanzan dicha mayoría electoral, aparecen fuertes discrepancias en temas como las Leyes LGBTI, el aborto, la lengua, etc. Por ello, aunque Feijóo llegase al poder en las próximas elecciones con los votos de Vox, se producirían de nuevo los mismos conflictos elevados a un nivel mayor de tensión y de inestabilidad política. Lo cual es malo para una España que, si quiere regenerarse y volver a crecer económica y culturalmente, necesita de otro largo periodo como el que hemos tenido desde la llamada Transición a la Democracia.

     Habría, entonces, que analizar con precisión la clave que permitió la larga estabilidad del llamado bipartidismo imperfecto de PSOE y PP con la ayuda de la bisagra nacionalista catalana y vasca. Creemos que dicha clave está en dicha bisagra, la cual demostró cómo desde un número de votos minoritario se puede ejercer un decisivo poder arbitral que determinó en cada momento el turno de partidos cuando ni PSOE ni PP conseguían la mayoría absoluta. Dicha bisagra, mostrándose cada vez más independentista, fue arrancando transferencias y privilegios presupuestarios que han conducido a la nave del Estado lo más cerca posible de la meta en que soñaban, la disgregación de España como Estado nacional unitario. Por eso hoy estamos al borde de la ruptura nacional si no tomamos enérgicas y sabias medidas antes de que ocurra una catástrofe del tipo de una balcanización que nos podría conducir a otra guerra civil, de las que ya parecían superadas. Los propios dirigentes de Vox son conscientes de ello cuando afirman no querer romper el marco democrático constitucional que nos rige desde el final del franquismo.

     Pero el problema es que Vox solo podría imponer sus medidas de un reforzamiento de la unidad nacional y de un volver a coser y atar con hilos más fuertes las costuras rotas de la actual Constitución, si consiguiese una improbable mayoría absoluta o si gobernase con el PP. Lo primero parece muy difícil por el estigma de partido extremista y lo segundo porque, como venimos observando en los últimos resultados electorales, no consigue imponer su política en asuntos claves. Por ello creemos que, por lo aprendido de la experiencia del poder de la bisagra nacionalista en las últimas décadas para conseguir avances estratégicos en sus fines, como el independentismo ya factico de algunas Autonomías, podría ensayarse una política similar, pero de fines contrarios, como es el reforzamiento de la unidad de la nación española. Pues ello sería una política de un nuevo poder de centro enfrentado, en el nuevo contexto mundial en que nos movemos, a la polarización política extremista que pretende la destrucción de los llamados Estados nacionales tradicionales en beneficio de los nuevos poderes globales y de la creación de nuevos poderes locales propugnada por el secesionismo creador de mini-Estados más fácilmente manejables por el Globalismo. Esta sería en esencia la justificación política de un nuevo centrismo para el que se precisarían nuevos partidos bisagras que pudiesen actuar en el aún persistente marco de tendencia bipartidista español, para romper o doblar la espina dorsal estratégica que comparten en las últimas décadas tanto PSOE como PP: su subordinación al Globalismo y, por ello, su debilidad frente el independentismo localista.

   Alguien me podrá decir que la bisagra de partidos centristas ya se intentó desde los tiempos de Adolfo Suarez hasta los actuales Ciudadanos, y que se demostró con fracasos rotundos. Bien, eso quiere decir que han fracasado dichos partidos centristas, porque no fueron una bisagra adecuada. Pues la bisagra funciona cuando es adecuada a la situación como demostraron los partidos nacionalistas. Por tanto, el problema está en que tales partidos centristas eran débiles ideológicamente hablando: en el caso de Suarez por su incapacidad de prever la amenaza secesionista con sus generosas concesiones a nacionalistas catalanes y vascos; en el caso de Ciudadanos porque, aunque se opuso vigorosamente al independentismo, no dudo en asimilarse al globalismo de la Unión Europea. Por eso acabó convirtiéndose en un partido globalista que pretendió competir con PSOE y PP, perdiendo de modo espectacular.

   Por ello,es necesario repensar el centro político, pero principalmente desde la nueva política mundial en que nos encontramos. Mientras no surja este nuevo tipo de partido y alcance una votación suficiente para hacer de nueva bisagra, el horizonte político seguirá lleno de oscuros nubarrones.

Manuel F. Lorenzo